Miro, el aire tan nostálgico, a veces
Como se pierde entre tus tiernos hilos de marfil,
Escucho, tu apacible voz que se estremece
En los más recónditos lugares de esta mente juvenil.
Te diré con quien ando y tú, dirás quien soy,
Abuelo mío, de cansada senectud y sabiduría activa,
Haces de tus palabras el camino por donde voy,
Sublime alba que irradia tu nítida perspectiva.
Son tus serenos pasos, Es mi súbita correndilla,
Son todas mis dudas, Es tu preponderante conclusión,
Eres el frondoso árbol, yo seré la naciente astilla,
Soy la nota del cantante, Eres tú mi afinación.
Abuela mía, déjame oír tus frases,
Que tu vejez joven, tu pasado está presente,
Y tus consejos me servirán para llegar
A la cúspide de la vida tan eficiente.
Mis ojos deslumbrados ante tu rostro,
Que divisa tu vida anterior, y mi interior
Donde culmina esa sensación virtuosa,
Tras ver lo hermoso que sucumbió dolor.
A veces, sediento de curiosidades y experiencias,
Adviertes mi ansia insaciable, y el placer
Que se esconde tras su sombra de apariencia,
Porque el agua que no bebo, hay que dejarla correr.

